Inmersos personajes miticos y fantásticos en la literatura

México, 31 Oct. (Notimex).- La Llorona, la Catrina, el Nahual, las brujas y los vampiros, son algunos de los personajes más recurridos e inventados por los literatos para contar historias acerca de la muerte y su interés por la extinción de la vida.

La Llorona tiene su origen en la mitología azteca con la diosa Chihuacóatl, que se decía aparecía regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente.

Tras la llegada de los españoles y la muerte de Doña Marina, mejor conocida como "La Malinche" (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador Hernán Cortés), se decía que esta era la Llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza.

Ambas leyendas dieron origen a otras versiones las más conocidas: que la Llorona era una joven enamorada que había muerto en vísperas de la boda y traía al novio la corona de rosas blancas que nunca utilizó, o bien que se creía que era una madre que venía a llorarle a sus hijos huérfanos.

Desde entonces, este personaje ha inspirado a diversos autores como Marcela Serrano, quien en su novela "La Llorona" narra el origen y la historia de esta mujer. Otra es la versión de Margarita Jiménez Arreola en el texto "Leyendas de Ayer, Hoy y Siempre".

"La Catrina", que más bien es una versión moderna de la muerte, creada por el grabador mexicano José Guadalupe Posadas para representar a la clase social adinerada antes de la revolución.

En el caso de la literatura universal, la muerte es uno de los grandes temas que se ha mantenido de manera constante, ya sea como amiga y aliada, libertadora o bien como un proceso biológico al que tarde o temprano todos los seres vivos tienen que llegar.

Cientos de autores le han dedicado desde un verso hasta densos capítulos, tal es el caso de "Las metamorfosis" de Ovidio, "La Orestíada" de Esquilo, "Hamlet", de William Shakespeare, "Las rimas", de Gustavo Adolfo Bécquer, "Los sonetos de la muerte", de Gabriela Mistral, o bien "La divina comedia", de Dante Alighieri.

Esta última es una de las obras maestras de la literatura universal, que aborda el tema de la muerte de una forma muy particular al dividirla en tres partes: "Infierno", "Purgatorio" y "Paraíso".

Una de las obras literarias más representativas del romanticismo es "Don Juan Tenorio", del autor español, José Zorrilla, que viene a ser una particular visión del "Burlador de Sevilla", de Tirso de Molina, con gran popularidad hasta la fecha, que aún se representa en estas fechas.

El tema de la muerte en la literatura mexicana ha sido una constante, desde la época prehispánica hasta la actualidad, dada la herencia que legaron los antepasados acerca de su concepción llena de simbolismos e imaginación.

Uno de sus máximos representantes es el poeta Nezahualcoyotl, cuya obra más representativa habla acerca de su deseo por la vida eterna y del lugar donde la muerte es conquistada.

Las bruja, el diablo y el vampiro, son personajes de orígenes diversos, (principalmente en Europa durante la Edad Media) que han tenido mayor incidencia dentro de la literatura infantil.

Basta recordar a la madrastra de "Blanca nieves y los siete enanos", la hechicera de "La sirenita", "Maléfica" de "La bella durmiente" o la bruja mala de la casita de Chocolate en "Hansel y Gretel".

Las versiones modernas de este personaje pueden ser halladas en la heptología de C. S. Lewis, "Las crónicas de Narnia", con la Bruja blanca", "La materia oscura", de Philip Pullman o también "La brújula dorada", del mismo autor.

Las brujas buenas también aparecen en muchos trabajos literarios, el caso más claro y reciente: la saga de "Harry Potter" de J. K. Rowling.

La figura del diablo tiene su origen en la mitología cristiana con el libro de "Apocalipsis", o "Satanás" del libro de Job, en el "Evangelio de Mateo", la serpiente original del "Génesis" y al gran dragón, que se identifica como una sola persona.

Aunque el fundador de la religión neo pagana "Wicca", Gerald B. Gardner, hace mención de que el personaje de "Divell" convertido en Diablo en su libro "Witchcraft Today" (1951), es una forma mitológica del antiguo dios europeo de la Naturaleza.

Ahora bien sobre este mismo personaje, que también ha sido inspirador de diversos autores, se cree que también tiene un origen prehistórico y que recae en una deidad llamada "dios cornudo".

La antropóloga y egiptóloga británica, Margaret A. Murray, en su libro "El dios de los brujos", remonta al lector a unos 33 mil años antes de Cristo, durante el periodo paleolítico.

El "dios cornudo" o "Señor de las manadas", era representado en la pintura rupestre como un ser mitad hombre, mitad animal aderezado con una estupenda cornamenta.

Desde entonces, el diablo se ofrece como un magnífico personaje para la literatura universal: "Fausto", de Goethe, el cuento de "La Iglesia del Diablo", de Machado, "La biblia como literatura", de José Pedro, y "Biografía del diablo", de Alberto Cousté, por mencionar tan sólo algunos.

Destaca también en la literatura aquella figura siniestra que se alimenta de sangre humana para mantenerse vivo, "El Vampiro", que para algunas culturas orientales y americanas aborígenes es una deidad demoníaca o un dios menor que hace parte del panteón siniestro en sus mitologías.

Los primeros escritos que aparecen sobre este personaje aparecen en Europa durante los siglos XVII y XVIII, el más popular o el más conocido "Conceptos racionales y cristianos sobre vampiros o chupasangres" escrito en 1733 por Johann Christoph Harenberg filósofo, teólogo e historiador alemán.

Asimismo ha sido tema de escritores de la talla de Voltaire, Descartes y Rousseau o el padre Benito Jerónimo Feijoo.

Pero uno de los autores más reconocidos sobre el tema fue el monje benedictino francés Dom Augustin Calmet (1672-1757), abad de Senones, destacado exégeta e ideólogo de la Inquisición.

Entre otras muchas obras, es autor de "El Mundo de los Fantasmas", que incluye el ensayo "Negociación y explicación de la materia y características de los Espíritus y los Vampiros", donde hace una diferenciación clara entre los vampiros y los demás demonios y demás espíritus paganos.

Los relatos literarios sobre este personaje proliferaron a partir del siglo XIX con el poeta inglés Lord Byron y su libro "The Giaour"; Mary Shelley y su famosa novela "Frankenstein"; "El Vampiro", de Polidori, y la más famosa sin duda "Drácula", de del escritor irlandés Bram Stoker.

En esta obra, publicada en 1897, el protagonista personifica la fascinación de lo prohibido y es una figura simbólica clásica de la sexualidad reprimida, característica de la sociedad victoriana en la que el autor vivió.

Más recientemente se puede cita la obra "Crónicas vampíricas", de la escritora estadounidense Anne Rice.

Se trata de una trilogía compuesta por las novelas "Entrevista con el Vampiro", "Lestat el Vampiro" y "La Reina de los Condenados", que dado su enorme éxito comercial y cinematográfico, ha continuado con secuelas como "Memnoch el Demonio" y "Armand el Vampiro".

De acuerdo con los críticos de Rice, los vampiros concebidos por la autora son seres de ficción adaptados al gusto de las sociedades contemporáneas, totalmente carentes de la maligna crueldad sin remordimientos de sus antecesores literarios y de los personajes reales que los inspiraron.

Son mostrados por la autora como unos entes elitistas, posmodernos y confusos, sólo un poco pervertidos, con sentimientos de culpabilidad y humanizados sumergidos en el pensamiento filosófico de la Nueva Era sin representar la maldad y bestialidad que caracterizaba a la figura tradicional.

Finalmente, en 2005 aparece otra saga sobre vampiros modernos "Crepúsculo", y sus secuelas "Luna nueva", "Eclipse", "Amanecer" y "Sol de media noche", escritas por Stephenie Meyer, que se caracteriza por una gran carga romántica.

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